Que en una piedra miliar (y cómo ha dado nombre a muchos lugares)

El miliarium, miliario o piedra miliar data de la época final de la república romana y se desarrollan especialmente durante el en el alto imperio por todo el territorio incluida la península ibérica.

Las piedras miliares, o simplemente miliarios, son las antecesoras de los actuales mojones de piedra que sirven para indicar trechos en las carreteras (hoy sustituidos por señales). Su función era la misma, medir la distancia a los núcleos de población más importantes o en algunos casos al centro del imperio, Roma.

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En Roma, el emperador Octavio Augusto erigió el Miliario de oro (Milliarium aureu) en el Foro de Roma. Todas las calzadas empezaban en este lugar y todas las distancias se medían desde ese punto, lo que hoy llamamos kilómetro cero. Aún se conserva parte de su base en el foro (ver imagen superior).

Estos miliarium constaban de un monolito inscrito, generalmente con forma de columna, y se situaban a los bordes de la calzada cada mil “passus” (pasos dobles romanos) es decir, cada milla romana, lo que equivale a una distancia de aproximadamente 1.480 metros. De este modo, podías encontrarte con los miliarium de Tercia, Quartus o Quintus dependiendo de las millas romanas a las que te encontrases del núcleo señalado (tres, cuatro o cinco millas romanas, respectivamente). Este miliario se encuentra en el Museo Arqueológico de Sevilla y en él puede leerse: “Adriano Augusto lo hizo”.

Las distancias en las vías romanas se median mediante una carretilla con una rueda que en cada giro completo dejaba caer una piedrecita. Esta piedrecita (en latín: calculus, usado para contar o como ayuda al calcular) dio nombre a las pequeñas piedras que se pueden formar en el riñón: cálculos.

En las afueras de las ciudades se situaban cerca de las calzadas las villae: explotaciones agrícolas romanas. Tenían una estructura similar a las explotaciones agrícolas y ganaderas que las sustituyeron hasta mediados del siglo XX, ya que se producían mismos productos y, prácticamente, con la misma tecnología. También conservaron su nombre o derivados del mismo y de ahí, igualmente, los núcleos de poblaciones posteriores.

De este modo, es fácil encontrar poblaciones en España con los nombres, prefijos o sufijos Tercia, Cuarto o Cuarta y Quinto o Quinta, cuya raíz se sitúa en las piedras miliares romanas.

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