John Snow & Bazalgette. La ingeniería en los tiempos del cólera.

No. Nos estamos refiriendo al personaje de Juego de Tronos, la exitosa saga de George R. R. Martin, John Nieve, aunque se llamen igual (siento la decepción de sus seguidores) sino al médico inglés John Snow (1813 – 1858) precursor de la epidemiología. Y por otro lado a Joseph William Bazalgette (1819 – 1891) el ingeniero inglés jefe de la Junta Metropolitana de Obras Públicas de Londres ¿Quieres saber cómo un ingeniero acabó con el cólera? Sigue leyendo.

La-ingeniería-en-los-tiempos-del-cólera-02Cuando en 1842, Edwin Chadwick, secretario de la Comisión de la Ley de los Pobres publicó “A Report on the Sanitary Condition of the Labouring Population of Great Britain” se convirtió inesperadamente en un éxito de ventas. En el libro, Chadwick atribuía toda enfermedad infecciosa las miasmas; unas partículas invisibles que se encontraban suspendidas en los malos olores. Ello suponía que limpiando los sucios barrios habitados por la gente más humilde acabaría con las plagas, entre ellas el cólera. Lo verdaderamente erróneo de esta teoría es que no se basaba absolutamente en nada.

John Snow se hizo muy conocido en el sector médico por sus estudios de la anestesia y particularmente después de que anestesiara a la propia reina Victoria en uno de los primeros partos sin dolor. Snow dedicaba gran parte de su tiempo a investigar de dónde provenían las enfermedades, y sobre todo a hacerse las preguntas por las que comienza todo método científico ¿Por qué los casos de cólera se multiplicaban en determinados barrios de Londres mientras que en otros pasaba de largo? En 1854 se produjo un violento brote de cólera afectando a algunos distritos mucho más que a otros, pese a situarse en zonas poco expuestas al mal olor y por consiguiente a las temidas miasmas. Tras otro brote en 1884 estudió a los alcantarilleros, los desatascadores y encargados de la recogida de basura, que en base a la teoría de Chadwick deberían estar más expuestos al cólera. Para su sorpresa no consiguió encontrar ni uno solo que hubiese fallecido. Snow comenzó a utilizar algo que ahora llamamos geolocalización. En un mapa marcó los fallecimientos por cólera y tras visitar personalmente las zonas afectadas y realizar entrevistas relacionó los pozos donde se extraía el agua de consumo común con las muertes. Incluso llegó a convencer a un mando local que clausura un pozo, remitiendo rápidamente los casos y dando de este modo validez a su teoría. Más tarde, con la observación y los datos personalmente recopilados relacionó directamente el cólera con la contaminación del agua con heces humanas acertando de pleno con la causa de la enfermedad. Pese a todo, las autoridades se negaron a creerlo, acusándolo de estar al servicio de las empresas cuya actividad generaba malos olores, y no hicieron nada al respecto. Murió en 1858 sin que viera reconocido su trabajo.

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Uno de los planos de John Snow

El verano de ese mismo año, Londres sufrió una ola de calor a la que había precedido una larga sequía. Lo llamaron en el Times “gran hedor”, y obligó incluso a suspender la actividad del parlamento y, por consenso, a replantearse la política de los vertidos. Hasta esa fecha, Londres no contaba con ningún alcantarillado general y los vertidos se hacían a pozos negros o directamente al Támesis, la principal fuente de pestilencia, por instalaciones individuales.

 

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Joseph William Bazalgette

Tras ese suceso, se hizo patente la necesidad establecer un sistema eficaz de alcantarillado lo que se encargó a Bazalgette. Construir una duradera red de alcantarillado en una ciudad como Londres con tres millones de personas y teniendo en cuenta el incesante crecimiento de la ciudad no era tarea fácil. Adquirir o embargar terrenos y negociar derechos de paso ya era complicado, sin entrar en la logística: 318 millones de ladrillos y dos millones y medio de metros cúbicos de tierra movidos. Bazalgette lo hizo con un presupuesto de 3 millones de libras.

Pero no fue solo la instalación de las conducciones. Bazalgette construyó tres diques en el Támesis (Chelsea, Albert y Victoria) afectando seis kilómetros de la margen del río. Al estrecharlo mejoró el caudal, lo que lo mantenía más limpio.

Por su escaso presupuesto solo pudo llevar el vertido a las afueras de Londres, a 30 km del mar donde al menos se veía afectado por las mareas, mejorando su desagüe. Esto acabó con las epidemias por agua contaminada en Londres, pese a que se hiciese de modo accidental y no por el magnífico trabajo de Snow.

En 1883 el médico alemán Robert Koch (1843 – 1910) aisló e identificó la bacteria que causaba el cólera.

En el verano de 1890 Edwin Chadwick se fue a la tumba no sin antes proponer que se construyesen grandes torres a modo de la de Eiffel que según él, actuarían llevando el aire fresco de las alturas y llevándose las miasmas. Supongo que con el mismo razonamiento que el de la teoría de las miasmas: ninguno.

Poco después lo acompañaría Bazalgette que pese a construir magníficos puentes sobre el Támesis, diseñar Charing Cross Road  o ser nombrado caballero nunca disfrutó de la celebridad que se mereció. La verdad es que no valoramos lo suficiente a los ingenieros, técnicos y demás personal que diseña o mantiene las redes de vertido. Vaya este artículo por ellos.

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Referencias bibliográficas (46) y (69)
Imágenes: Wikipedia.org bajo licencia Creative Commons.
Imagen de cabecera. Autor: Justinc. Réplica de la bomba de agua (Broad Street) en memoria de John Snow
Imagen John Snow: Rsabbatini
Arquitecto Técnico y Perito Forense. Especialidad en Patología, Rehabilitación y Construcción (Procesos y Materiales).

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