La escalera perfecta (3)

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La escalera perfecta (3)

Una vez definidos los parámetros de la pendiente y las dimensiones de la huella y contrahuella en nuestra escalera perfecta vamos a continuar con otros elementos no menos importantes.

El antepecho

Una escalera nos sirve para poder desplazarnos entre dos niveles a distinta cota por lo que normalmente proporciona algunos espacios que nos pueden hacer caer al vacío. Si la escalera se desarrolla en torno a un paramento, cosa que normalmente ocurre en la mayoría de las viviendas, ya tendríamos uno de los lados asegurado. En el opuesto solemos disponer de lo que denominamos pretil o antepecho. Los antepechos son unas barreras físicas que impiden continuar con nuestro desplazamiento para evitar que caigamos al vacío, pero al mismo tiempo no deben de actuar como un punto de apoyo en el que nuestro cuerpo realice un giro en caso de tropiezo. Este se produciría si el antepecho tiene una altura inferior a nuestro centro de gravedad, que se encuentra aproximadamente en la pelvis y algo más bajo en las mujeres que en los hombres. Teniendo en cuenta que nuestro centro de gravedad describe una línea sinuosa cuando nos trasladamos con un desplazamiento aproximado de ± 2,5 cm se estima que un elemento de protección no debe tener una altura inferior a 90 cm.

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Según el CTE, la altura mínima de las barreras de protección debe ser 0,90 m para protección de alturas de menos de 6,00 m, y 1,10 m para alturas mayores.

En una escalera, esta medición debe realizarse desde la pendiente definida por los vértices de los peldaños, hasta el límite superior del antepecho.

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Generalmente, tendremos pues un antepecho no inferior a 90 cm pero que también debe cumplir otras condiciones:

Deben ser firmes y compactos, de tal modo que soporten el impacto de un cuerpo blando de 50 Kg según en ensayo de resistencia al impacto in situ de la norma UNE 85.238/91 (ensayo dinámico a barandillas) de tal modo que tras el ensayo no se produzca el desprendimiento de elementos al vacío que puedan causar algún daño. Sería pues necesario realizar este ensayo en el caso de elementos que presenten una duda razonable sobre su comportamiento. Como referencia, una citara de ladrillo (7 cm) bien ejecutada soportará este ensayo sin ningún problema

Los huecos que presente este antepecho no den ser superiores a 12 cm en ninguna dirección. Es decir, le pedimos lo mismo que a una barandilla de un balcón. De este modo, es imposible que un menor con movilidad pueda atravesar este elemento. Esto sería de aplicación en aquellas escaleras, tan al uso en la actualidad, que presentan la contrahuella libre, en donde podría resolverse con un babero desde la arista exterior de la huella o con un zócalo desde su extremo interior. Para este tipo de escalera deberíamos haber considerado, en determinados casos, si verdaderamente queremos fomentar la ventilación entre la estancia inferior y la superior o mantener cierta estanqueidad.

En ningún caso se deben realizar antepechos escalables; por ejemplo, aquellos formados por barras horizontales.

El antepecho debe contar con un zócalo inferior que impida la caída de objetos a distinto nivel.

Estas condiciones pueden sonarle como una pesadilla a un diseñador, pero seguro que pueden diseñarse escaleras seguras, innovadoras y hermosas al mismo tiempo.

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Los pasamanos

Cortázar continúa en sus instrucciones para subir una escalera diciendo que Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente.

Verdaderamente, en lo que se refiere a los brazos no solemos subir así una escalera pues nuestros brazos si sufren un ligero balanceo y llegados a ciertos años, una necesidad de agarrarnos a una guía y ayuda en la que obliga a nuestras extremidades superiores a colaborar en el ascenso. A esta guía la llamamos pasamanos y tendemos cuando menos a “acariciarla” para tenerla a mano por si acaso.

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Cualquier escalera sobre la que no tengamos la seguridad del tipo de personas que la va utilizar debería tener un pasamanos; esto, creo que engloba a la totalidad de las escalera del mundo. Nunca se sabe.

Los pasamanos suelen colocarse a una altura entre 0,85 y 1,10 metros medidos en las mismas condiciones que el antepecho, pero esta altura no es adecuada para niños ni adultos de baja estatura, para lo que sería necesario, en caso previsible, colocar un doble pasamanos (0,50-0,65 m) pensando no solo en la altura sino también en la sección que debe abarcarse con la mano.

Por su parte el CTE específica que:

Las escaleras que salven una altura mayor de 55 cm dispondrán de pasamanos en un lado y si superan los 120 cm de ancho en los dos. Las de anchura superior a 2,40 metros deben incorporar pasamanos intermedios.

El pasamano debe estar separado de la pared un mínimo de 4 cm mínimo, o en cualquier caso, debe permitir el paso continuo de la mano.

Seguiremos avanzando hasta llegar a nuestra escalera perfecta en el siguiente artículo. No olvides suscribirte para no perdértelo y comparte para ayudarnos a mantener la página.

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Referencias bibliográficas de (69) y (45)
2018-02-28T16:00:36+00:00 Categorias: Monográficos, Proyectos|Etiquetas: , , |
Arquitecto Técnico y Perito Forense. Especialidad en Patología, Rehabilitación y Construcción (Procesos y Materiales).

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