P.C.A. Estado líquido. Humedades por capilaridad (4) Zócalos

Seguimos viendo las técnicas para luchar contra la humedad por capilaridad, en este caso con los zócalos. No se preocupen los vendedores de las técnicas novedosas; veremos todos los sistemas en los artículos de este monográfico. En nuestra opinión no hay un orden de mejor a peor sistema o viceversa, sino una solución idónea para cada caso y posibilidad económica.

En una primera impresión, podemos aventurarnos a decir que un zócalo no soluciona la humedad capilar. No estaría falto de razón aquel que diga que se han producido grandes errores históricos por el empleo zócalos en la lucha contra la capilaridad. Uno de los más conocidos es el generado por el arquitecto Giorgio Massari (1687-1766) en la ubicación del cenáculo de Leonardo da Vinci, pintura mural del refectorio del convento de Santa Maria delle Grazie en Milán, finalizada por el gran artista en 1497 y más conocida como la Santa Cena. La pintura se estaba deteriorando por la alta humedad de condensación que se producía en el refectorio. Esta se generaba por la humedad capilar que afectaba al muro donde se ubicaba la pintura. Sin embargo, la distancia que separaba al mural, ejecutado sobre dos capas de yeso, permitía que la humedad capilar pasara por evaporación al aire sin afectarla. Massari achacó los daños que comenzó a sufrir la policromía a la humedad proveniente del trasdós del muro, por lo que lo revistió exteriormente con un revestimiento impermeable. Esto originó un incremento de la ascensión capilar en el interior, que alcanzó al mural, además de una mayor condensación. Massari, sin saberlo, había taponado una importante vía de evaporación de la capilaridad, cuando la solución pasaba por una mayor ventilación. Cuando en el siglo XX sustituimos las pinturas exteriores de cal por revestimientos menos transpirables generamos un problema similar.

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Antes del empleo del hormigón como basamento de cimentación la humedad capilar era un problema común en casi todas las edificaciones susceptibles de sufrirla por las características del terreno. Solo se libraban aquellas en las que no se empleaba una piedra porosa en su base, más por ser la roca habitual de la zona que por haberla elegido bajo criterio técnico. Las construidas con material cerámico sufrían especialmente esta patología dado el carácter poroso de los ladrillos. Pero la cerámica también iba a intervenir de modo positivo.

Zócalos de azulejos

Si bien existen anteriores precedentes, es en Al-Ándalus donde comienza a desarrollarse el azulejo (azzulech) tal como la conocemos hoy. La evolución de su técnica ha influido notablemente en el comportamiento de los zócalos frente a las humedades capilares.

Los primeros zócalos se construyen mediante la técnica del mosaico, es decir, con pequeñas piezas monocromáticas tomadas con mortero de cal, ya que no existía un método para introducir más de un color por pieza. En estos mosaicos, un alto porcentaje de su superficie correspondía a las juntas entre piezas por donde la humedad podía escapar gracias a la porosidad del bizcocho del azulejo (base de barro sobre la que se realiza el esmalte) y al carácter transpirable del mortero de cal, siendo el resto de la superficie esmaltada y por lo tanto estanca. La estética de estos revestimientos es sencillamente maravillosa y podemos deleitarnos de su máximo esplendor en la Alhambra de Granada.

P.C.A. Estado líquido. Humedades por capilaridad (4) Zócalos

Detalle de azulejo de cuerda seca

No hay que ser un gran estudioso de esta técnica para darse cuenta del increíble trabajo manual que se necesitaba para trabajar un solo metro cuadrado de este revestimiento, de ahí que se buscasen nuevas técnicas destinadas ampliar el tamaño de las piezas sin perder el motivo. Aparece pues el método de la cuerda seca, que permitía mediante la introducción de una pequeña banda de grasa cocer los azulejos en el horno sin que se mezclasen los colores: El agua pigmentada no se unía a la grasa de los contornos. De este modo las piezas pasan a tener forma cuadrada o rectangular con elementos simétricos cortados a borde de tal modo que permitían una terminación similar al mosaico, denominada alicatado geométrico. En este tipo de azulejos, la capa de grasa se eliminaba por la alta temperatura del horno, quedando el bizcocho visto en las líneas de cambio de color esmalte, como se observa en al anterior imagen.

Del mismo modo, para guardar la composición, no se aplica lechada en las juntas entre piezas, que se coloca a hueso (con la imperfección de planitud en las aristas del azulejo) El conjunto genera un zócalo capaz de transpirar.

Otras técnicas, como el esgrafiado, crean azulejos decorativos sin esmaltar o con relieves no esmaltados que permiten también la transpiración.

Con la llegada del azulejo plano en el siglo XVI-XVII se pierde transpirabilidad y con el siglo XX se busca la impermeabilidad total del paramento con el uso del cemento en la colocación y lechada de unos azulejos cuyo bizcocho llega a ser tan poco poroso que requiere de la sujeción mediante morteros especiales aditivados.

Azulejo plano siglo XIX

Azulejo plano siglo XIX

En la actualidad, un zócalo de azulejos no hace sino elevar la altura capilar de los muros.

Zócalos ventilados

Actualmente se utilizan zócalos ventilados en el exterior, generalmente de chapa metálica, que ofrecen protección frente a los golpes y pueden permitir el secado del muro dependiendo de la intensidad de las humedades ascendentes.

Eliminado previamente el revestimiento y dejando el muro desnudo se crea una cámara con ventilación inferior y superior que genera una corriente de aire por diferencia de temperatura y facilita la desecación. La humedad siempre busca un equilibrio por lo que se desplaza de la zona más húmeda a la más seca. En la siguiente imagen se muestra un ejemplo de este sistema, que puede combinarse con mortero macroporoso y pintura transpirable en el interior (ver nuestro anterior artículo)

P.C.A. Estado líquido. Humedades por capilaridad (4) Zócalos

En el exterior pueden utilizarse sifones atmosféricos (que abordaremos en el siguiente artículo) En cualquier caso, es conveniente realizar taladros inclinados al tresbolillo en el tercio inferior para facilitar la salida de la humedad.

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Referencias bibliográficas (63)

www.ibertis.es